
El pulpo, animal de compañía, devorado ceremonialmente en las ferias de Galicia, sinónimo de sobón, nunca tuvo en nuestra cultura mucho atractivo erótico, la verdad.
Los japoneses, comedores de pulpo como los gallegos, han tenido al menos un artista que ha sabido representarlo como imagen del horror de la posesión sexual. En ninguna cultura el sexo ha sido visto como algo trivial, desacralizado...en la nuestra, las sociedades que más han querido avanzar en hacerlo "natural" son las que desarrollan mas amplios bordes de parafilias en la sombra de lo cotidiano, la mayoría de ellas de tipo sadomasoquiesta, en las que lo antinatural, el rito, el entorno siniestro y la dominación buscan de nuevo la tensión de lo obsceno, de la culpa, del horror. Ay, el diablo...no quiere perder su reino!

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